miércoles, 3 de noviembre de 2010

Pensarse igual, hacerse igual

La dignidad de las personas y la igualdad son los elementos centrales de toda actuación encaminada a la integración de las personas inmigrantes.

Hace unos días vi como una mujer de unos 50 años huía, siendo seguida por una chica española quien gritaba que la detuvieran, que le había robado la cartera. Yo me encontraba en el camino de la posible delincuente y no dudé en detenerla en su huida; cuando la joven se aproximó a nosotros le exigió a la otra mujer que le devolviera la billetera, la interpelada aducía que no había tomado nada, pero en el forcejeo entre las dos mujeres cayó de su pecho una billetera. Cuál no sería la sorpresa de la joven al ver que la billetera que tomaba del piso no era la suya sino la de su novio, quien se había quedado sentado en una de las sillas que estaban ubicadas en el exterior de un conocido restaurante en el que se hallaban comiendo. La chica me pidió que revisara a la mujer pues no aparecía su billetera ni el dinero que su novio llevaba en la suya, pero yo dudé en hacerlo pues pensé que esa era función de la policía. Justo en ese momento, en la calle frente a nosotros se acercaba un carro de la policía, al ver el auto y oír mis gritos llamándola, la señora sacó cien euros de su brasier (sostén) y junto a la otra billetera se los entregó a la chica, quien sin volverse a comunicar conmigo tomó sus pertenencias y se fue del lugar.

La otra mujer salió corriendo del lugar y yo me quedé reflexionando sobre la violencia callejera, la situación económica española, el incremento del número de habitantes de la calle y de personas que piden limosna y comprendí la necesidad de quien estaba robando, pero igualmente pensé que el robo no era la alternativa de resolver la crisis, aun cuando también sé que esta es una faceta de un problema que aumenta y que requiere solución.

Unos minutos y metros más adelante ingresé a la sede de una organización juvenil alicantina y quien allí se encontraba observó el nerviosismo que en mi era evidente. Le relaté lo sucedido y lo que aconteció a continuación me dejó sin palabras y con ganas de expresar muchos argumentos. La persona me dijo que los inmigrantes no deberíamos ayudar en ese tipo de situaciones, porque muy seguramente la policía le creería más a la española que había delinquido, si ella “denunciaba” que el ladrón era yo.

No creo que el auxilio sea exclusivo de nacionales, sino un acto propio de la solidaridad, pero no puedo dejar de pensar si esta persona tenía la razón en sus argumentos. Como afirma la Ley 15/2008 “La integración de las personas inmigrantes en la sociedad valenciana implica el reconocimiento de una serie de derechos, así como el cumplimiento de unos deberes que parten de los criterios de convivencia y organización característicos de la sociedad española y valenciana. Todo ello dentro del respeto a la identidad cultural y religiosa de los recién llegados. En este sentido, la integración sólo puede hacerse efectiva a través del conocimiento mutuo”.[1]


No sé realmente si los españoles se quedan de brazos cruzados cuando ocurre un acto como el relatado, aun cuando considero que muchas personas, sin importar su lugar de origen, actuarían solidariamente. No puede pedírsele a una persona que se integre plenamente a la sociedad si personas en esa misma sociedad asumen que frente a un español de origen siempre existiría la posibilidad de que el inmigrante fuera considerado delincuente.

En otra parte del preámbulo de la citada Ley se afirma que “La sociedad que la Constitución Española refleja es democráticamente avanzada y en ella late de manera intensa un interés por la igualdad material, por lo que obliga a los poderes públicos a remover todos los obstáculos que impidan que la igualdad sea real y efectiva”.


Si ello es verdad los ciudadanos no podemos esperar que las autoridades de policía actuasen de esa forma, como mi amigo cree que suelen actuar. Desde mi experiencia en general los policías son amables, respetuosos y solidarios, pero me queda la duda de si eso sólo ocurre en aquellos actos de la cotidianidad en los que no hay una vinculación con un posible delito y que en dicho caso la relación se torna diferente.

Desde la perspectiva de la norma ello no debiera ser así, pero el temor de los ciudadanos nacionales e inmigrantes basado en la creencia de que las autoridades de policía no actúan de parte de la ley y los derechos de los ciudadanos - imaginario basado en muchos casos en la experiencia que tenemos en algunos de los países de origen de que miembros de la policía en su abuso de autoridad permanente cometen atropellos contra los ciudadanos-, pudiera enturbiar la imagen de la autoridad española.

Cabe reflexionar que esa imagen negativa parece no ser sólo de los inmigrantes, sino también de algunos ciudadanos españoles de origen, lo que implicaría por un lado crear las condiciones para que haya un acercamiento entre los inmigrantes y las autoridades policiales y así desvirtuar la falsa creencia y promover una lectura y experiencia diferente de la autoridad y sus funciones, y por el otro que los mismos ciudadanos españoles reflexionen al respecto.

No es posible hacerse igual ni pensarse igual a los demás si siempre pensamos que con nosotros las personas actúan diferente a como lo hacen con las demás personas no inmigrantes o existe la creencia popular de que inmigrante y delincuente son sinónimos.

[1] Preámbulo. LEY 15/2008, de 5 de diciembre, de la Generalitat, de Integración de las Personas Inmigrantes en la Comunitat Valenciana.

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